dijous, 12 de juliol de 2012

Lili Marlene segons John Steinbeck.


A Hubo una vez una guerra, una recopilació de 1958 dels articles publicats per l’apassionat John Steinbeck al New York Herlad Tribune, com a corresponsal de guerra a Europa i el nord d’Àfrica durant la Segona Guerra Mundial trobem les cròniques del dia a dia de la guerra. Una visió quotidiana, explicada majoritàriament des de dins de l’exèrcit. Steinbeck ens explica de primera ma la vida a Londres sota les bombes, les batalles al Canal de la Mànega, els preparatius i execucions de les missions a les bases aèries angleses, el perfecte funcionament d’una bateria antiaèria femenina, la vida (ociosa) dels soldats a Argel. Els preparatius per entrar en combat: els trasllats de les tropes, la logística dels embarcaments, els passatemps dels soldats durant les travessies, la vida d’espera en els camps d’instrucció (horts, gossos, joc de daus, cinema...), les seves supersticions abans d’entrar en combat i les cartes de comiat, les relacions entre l’exèrcit americà i el britànic i entre la poblacicó civil, histories de soldats vividors, de soldats afortunats... i finalment la invasió d’Itàlia amb el desembarcament de Salern.


L’article publicat el 12 de juliol parla d’una cançó. Us el reprodueixo:


LONDRES (12 de julio de 1943). Ésta es la historia de una canción titulada Lili Marlene. Fue escrita en Alemania, en 1938, por Norbert Schultze y Hans Leit. Dos docenas de editores la rechazaron. Pero finalmente, interpretada por la cantante sueca Lala Anderson, su éxito ha ido formidable. Lala Anderson, de voz ronca, pertenece al tipo de mujeres que podríamos llamar,  para entendernos, Hildegarde.
Lili Marlene es un tema de lo más sencillo. Su primera estrofa dice: “En la plaza de las barracas, bajo los faroles, solía encontrarme con Marlene, joven y bella”. Así de sencilla es. Luego sigue contando que Marlene va conociendo más y más gente hasta, finalmente, darse de boca con un brigadier, su máxima aspiración. Toda la canción destila un divertido cinismo.
Lala grabó un disco, pero Lili Malrlene no parecía destinada a ser popular. Una noche, sin embargo, la estación de radio alemana de Belgrado, debido a los destrozos ocasionados por un bombardeo, andaba escasa de discos para su emisión para las fuerzas de Rommel en África. Entre los no dañados, estaba el grabado por Lala Anderson... A la mañana siguiente, todos los soldados de las fuerzas de Rommel tarareaban Lili Marlene. E incluso pidieron a la emisora que lo pusiera de nuevo.
Hasta Berlín llegó la notícia de la popularidad alcanzada por la canción en África, y madame Goering, ilusionada hasta entonces sólo con la ópera, cantó Lili Marlene a un selecto grupo de nazis, si existe tal cosa. La canción se hizo popularísima, y llegó a ser casi obligada en todas las emisiones de la radio alemana. Hasta que el propio Goering pareció enloquecer a causa de ella. Entonces, sin más, se sugirió que la canción fuera algo así como asesinada. Pero Lala Anderson ya era conocida como “La Novia de los Soldados”. Pese a su ronca voz. Era una chica a la que todos deseaban conocer.
Lili era un problema sólo para Alemania. Pero ha ocurrido que los numerosos prisioneros hechos por el Octavo Ejercito británico la han cantado tanto en presencia de ellos que Lili Marlene, como antes de los alemanes, se ha apoderado ya de los soldados de aquí, australianos incluidos, quienes han ideado, sobre la música, multitud de nuevas letras. Ahora el mando no sabe si permitir la canción, aun considerando que el hecho de que sea una canción acerca de una muchacha alemana no demasiado virtuosa no hace sino ensalzar todavía más lo nuestro. A nuestros compatriotas no se les oye cantarla. Pero es seguro que si se decidieran a hacerlo no encontrarían la oposición de nadie. Y los británicos del Octavo Ejercito dicen que consideran a Lili Marlene como prisionera de guerra. Últimamente, se han tenido noticias según las cuales el ejercito norteamericano en África está empezando a cantarla. La Oficina de Información de Guerra ha decidido, al parecer, crear una letra contra los alemanes, conservando intacta su melodía. Si, de tal modo, resulta o no, es una cosa que se ya se verá. Y que a nadie habría de extrañar el verla aparecer por los barracones, joven, bella e inconsistente.
No cabe hacer otra cosa que autorizar la canción. Las canciones de guerra no tienen por qué ser exclusivamente temas de guerra. Giran todas sobre los motivos más diversos. Madelon y Tipperary, por ejemplo, las famosísimas tonadas de la anterior guerra, no tenían nada que ver con ella. Walzing Matilda la maravillosa canción australiana tan en boga, narra el robo de unas ovejas. Se espera que algunos grupos estadounidenses ataquen a Lili Marlene; primero, por el hecho de tratarse de una canción del enemigo; segundo, por no ser, en realidad, excesivamente buena. Tales ataques, caso de producirse, no tendrían en mínimo efecto: Lili es ya inmortal. Su simple deseo de hallar para sí un brigadier no es rigurosamente una aspiración alemana. La política podrá cerrar los caminos, aislar pueblos enteros… Pero las canciones saben saltar por encima de las fronteras.
Sería gracioso que, después de tanto alboroto, Lili Marlene resultara ser la única contribución de los nazis al mundo.



Lili Marlene, la cançó original, enregistrada per Lala Anderson:


La versió més popular ha estat la que en va fer Marlene Dietrich... podeu trobar milions de vídeos a internet... però per si mai l’heu vist us n’adjunto una:


Steinbeck en va escriure un article... si en voleu saber més podeu consultar Lili Marlen: canción de amor y de muerte, el llibre de Rosa Sala Rose editat per Global Rhythm... Podeu consultar el catàleg de les biblioteques de la Diputació per localitzar-lo.

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